😩 Del ansia a la flor 🌺



No pensé que esto de la cuarentena resultara tan complicado, recuerdo cuando dieron la noticia en el trabajo:

—A ver, chicos, Elsa les pasará un comunicado que tendrán que firmar, no es opcional, la empresa se cerrará por la pandemia, se les dará el 50% de su sueldo, esperando reanudar actividades el 21 de abril.

No me pareció mala idea, en cuanto escuché a la gerente decir eso se dibujó una sonrisa en mi rostro, que traté de disimular porque todos hacían gestos como de ¡ay, no! Y empezaron a quejarse por lo de la mitad del sueldo. Yo pensé, ¡excelente! No vamos a venir a trabajar, me podré parar tarde, saldré con mis amigos y podré desvelarme; lo vi como vacaciones.

Al principio salí y aún había gente en las calles, aún estaban los negocios abiertos, me compré un frappé y disfrutaba no tener que ir a trabajar. Me vi con una amiga y charlamos acerca de lo que pasaba, creíamos ambas que era una exageración, que quizá el virus ni existía. Pero lo que sí existe, dijo mi amiga: “son las medidas que se están tomando, y nos pasan a joder. En mi trabajo me pagan por destajo; no hago nada, pues no me pagan. Tengo dos hijos, y a Juan también lo han descansando y sin derecho a sueldo. Exista o no el Coronavirus, a algunos nos están jodiendo”. Yo sólo asentí a las palabras de mi amiga, yo lo tomaba como vacaciones, y para ella era una crisis económica.

Pasados unos días salí por un helado. Las patrullas de tránsito perifoneaban el mensaje: “quédate en casa, por favor, no salgas, guarda tu distancia, regresa a tu casa, por favor, no salgas” una y otra vez, empezaba a ser paranoico. Ahora casi ningún negocio abierto,  me regresé sin helado.

—Ya es hora de que te tomes esto en serio —gritó mi madre mientras yo entraba hacia la casa—. No me vuelves a salir, ¿ya viste las noticias? Ha muerto alguien en San Miguel por Coronavirus. Y reportan cuatro casos confirmados. Recordé las calles tan solas y ya  no me cupo la menor duda, existía el COVID 19. ¿Y ahora qué iba a hacer yo encerrada en casa?...

He pasado estos días con un mar de ansiedad: empiezo una película y la quito, empiezo a leer un libro y lo dejo, me recuesto un rato y me paro. Hoy me senté aquí en la ventana, porque siento que me ahogo en este encierro, me hace falta ir a los parques, me hace falta sentir la frescura que hay cerca de los árboles, este encierro me asfixia. Ojalá lloviera hoy, así abriría mi ventana y sacaría mis manos y mi rostro para refrescarme un poco. La última vez que fui a un parque fue hace tanto, y hoy lo extraño. La última vez que llovió, vi la lluvia desde dentro de casa, y hoy quisiera dar piruetas entre ella y me conformaría con sacar mis manos por la ventana.

Llevo días aquí junto a la ventana, ayer llovió y saqué mi mano, y un poco mi rostro, sentí la frescura de la lluvia, respiré la brisa. He estado viendo el horizonte, la caída del sol, las hermosas flores de la azotea de mi vecina, los mezquites que se ven en aquellas casas. ¡Me he enamorado!, del horizonte, de la caída del sol, de la lluvia, de los mezquites, de esas flores. Ya no importa cuánto se extienda la cuarentena, seguiré aquí en mi ventana, esperando la lluvia de hoy, esperando el ocaso de hoy, contemplando el horizonte, los mezquites y las flores.

Foto de Andrea Piacquadio en Pexels

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