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Mostrando las entradas de mayo, 2020

⚪ Partículas ⚫

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La desgracia anda por ahí volando en el aire como partículas de polvo a la luz del sol, la dicha anda también volando por el aire; la desgracia o la dicha, a cualquiera puede tocar. Yo soy un espectador de esas partículas en el mismo lugar veo blancas y veo negras: la depresión de un hombre, la desgracia de una niña, la fortuna de una mujer con un gran empleo, el regocijo de un niño con juguete nuevo. Me pregunto si es la fe o el medio ambiente… nada es estático: un día puede ser negra, otro día blanca, pero a unos son más blancas, y otros pobres son más negras las que les tocan. Aún no encuentro la razón de esa injusticia. Foto de Jakob en Pexels

👦🏻 Jaziel y yo 👧🏽

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Sobre el pasillo de la planta alta Jaciel contempla los días, las horas, el cielo, la vida, y está ahí echado en el suelo viendo pasar el tiempo, como un árbol viejo, no se mueve, pero se ve agotado, más su rostro refleja qué es un niño. Yo lo veo por la ventana porque es mi vecino, somos amigos,  tiene otros tres hermanos, pero a ellos no les hablo, solo a Jaciel que parece estar ahí echado, o parado sobre el barandal, esperando algo. Él no sale para nada, no tengo ni idea cuántos años tiene sin salir, en cambio los otros, aunque parecen estar locos, no lo están, o no como para no valerse por sí mismos.  No sé quién sea el mayor, pero uno de ellos, Jacinto, todos los días muy de madrugada le grita a otro hermano: “¡Jelipe! ¡Bájate pa’ abajo, órale!” Se lo dice bastante molesto, Jelipe no le responde. “¡¿Qué no oyes Jelipe, que te bajes pa abajo, córrele, que no oyes?!” Cada vez grita con más histeria, y por fin le responde Jelipe: “¡Uh, uh, uh, uh!” mientras aplaude, lueg...

😩 Del ansia a la flor 🌺

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No pensé que esto de la cuarentena resultara tan complicado, recuerdo cuando dieron la noticia en el trabajo: —A ver, chicos, Elsa les pasará un comunicado que tendrán que firmar, no es opcional, la empresa se cerrará por la pandemia, se les dará el 50% de su sueldo, esperando reanudar actividades el 21 de abril. No me pareció mala idea, en cuanto escuché a la gerente decir eso se dibujó una sonrisa en mi rostro, que traté de disimular porque todos hacían gestos como de ¡ay, no! Y empezaron a quejarse por lo de la mitad del sueldo. Yo pensé, ¡excelente! No vamos a venir a trabajar, me podré parar tarde, saldré con mis amigos y podré desvelarme; lo vi como vacaciones. Al principio salí y aún había gente en las calles, aún estaban los negocios abiertos, me compré un frappé y disfrutaba no tener que ir a trabajar. Me vi con una amiga y charlamos acerca de lo que pasaba, creíamos ambas que era una exageración, que quizá el virus ni existía. Pero lo que sí existe, dijo mi amiga...