👦🏻 Jaziel y yo 👧🏽
Sobre el pasillo de la planta alta Jaciel contempla los días, las horas, el cielo, la vida, y está ahí echado en el suelo viendo pasar el tiempo, como un árbol viejo, no se mueve, pero se ve agotado, más su rostro refleja qué es un niño. Yo lo veo por la ventana porque es mi vecino, somos amigos, tiene otros tres hermanos, pero a ellos no les hablo, solo a Jaciel que parece estar ahí echado, o parado sobre el barandal, esperando algo. Él no sale para nada, no tengo ni idea cuántos años tiene sin salir, en cambio los otros, aunque parecen estar locos, no lo están, o no como para no valerse por sí mismos.
No sé quién sea el mayor, pero uno de ellos, Jacinto, todos los días muy de madrugada le grita a otro hermano: “¡Jelipe! ¡Bájate pa’ abajo, órale!” Se lo dice bastante molesto, Jelipe no le responde. “¡¿Qué no oyes Jelipe, que te bajes pa abajo, córrele, que no oyes?!” Cada vez grita con más histeria, y por fin le responde Jelipe: “¡Uh, uh, uh, uh!” mientras aplaude, luego Jacinto vuelve a pedirle más histéricamente que se baje pa abajo y Jelipe grita: “¡uh, uh, uh, uh!” Más fuerte y aplaude más fuerte también, añadiendo: “¡Mariguano, drogadicto! ¡Uh, uh, uh, uh!”.
El Jelipe está muy menso, todo el tiempo anda olvidando las llaves de su casa, se da uno cuenta porque luego anda pidiendo una escalera. Recuerdo una ocasión que nadie le prestó escalera y se brincó por otra casa, no sé por qué le dieron permiso, si luego luego se ve que está re menso, yo escuché el sopetón, cuando me asomé ya hasta se había parado y ya iba como si nada a dónde se ve que están sus cuartos, de él, de Jaciel, y de Joel, porque el Jacinto se queda abajo, en un cuarto que da para la calle, luego hay lo mira uno asomándose. Esos días que se cayó Jelipe, cambió de humor, y del golpe que se dio andaba tan cojo que no podía ni bajar las escaleras. Un día de esos escuché que gritaba todo enojado, pero no se le entendía, me asomé por la ventana y vi que le gritaba a Jaciel, que yacía echado en el suelo del pasillo, le gritaba “¡párate! ¡córrele! ¡que te pares!” vi que lo zarandeaba, Jaciel no se movió nada, no le hacía caso, como si no lo escuchara, incluso ni lo veía, estaba mirando a nada, ido, pero Jaciel si está loco, así dice la gente, mi madre dice que no está loco, que tiene retraso mental; según por eso parece siempre un niño. Además, está jorobado, tiene un pie más grande que el otro, y no puede andar casi nada si no le ayudan, las escaleras antes las bajaba a rastras, pero ahora ya no baja si no le ayudan.
Jelipe le sorrajo una bofetada en la cara, que tronó con estruendo a la vez que le volvía a gritar “¡Párate cabrón!” Jaciel me miró, Jelipe se dio cuenta y se fue. Y lo vi maltratar como otras dos veces a Javier, en las cuales yo me quedaba viendo para que Jelipe se diera cuenta y lo dejara en paz. Después que se le quitó lo cojo y ya podía bajar las escaleras y salir, ya no se portó mal con Jaciel. Antes que le pegara hasta le daba de comer de lo que la gente le daba, lo trataba con cariño, como su hermano que era.
El Joel, que tal vez sea el mayor, o no sé, pero al menos es el más alto, sale desde muy temprano a trabajar, parece que está ciego, porque tiene como carnosidad en sus ojos, pero no, si ve. Todos los días trabaja, siempre pasa aquí por la casa ofreciendo lo que vende, trabaja para alguien, pienso que se lo hacen bien menso, porque luego ni le ajusta para un refresco, y eso que lo ves y da miedo, pero ya que lo conoces... es bueno. No fue ninguno a la escuela, por eso se lo hace menso. Pero con esos ojos tan feos deberás que da miedo, y luego sale con un sombrero negro bien viejo y una gabardina negra que le llega hasta el suelo; aunque por las noches sale al baño no más con una camisa blanca, que gracias a Dios le llega casi a las rodillas, pero yo pienso que no trae ni calzones.
El Joel no se pelea con sus hermanos, porque casi todo el día anda trabajando en la calle, se despierta antes que salga el sol, y regresa cuando ya se ha ocultado, solo regresa a dormir. Yo lo veo diario al Joel, una porque pasa a hacer su vendimia y otra porque es amigo de mi tía y cada que pasa se queda un rato a platicar con ella, creo que ya hasta le guardamos cariño, porque a veces nos deja fruta así no más de su voluntad, uno luego le anda convidando un tarro de atole.
Los niños a los cuatro hermanos les tienen miedo, el Jelipe anda todo greñudo y está más flaco que perro de la calle, Jaciel también esta desnutrido y luego no habla, es mudo, dicen que antes cuando estaban sus padres si hacia algunos sonidos como berridos, pero debió hacer hace mucho porque yo ni los conocí. El Jacinto también anda todo greñudo y siempre anda bien enojado, pero yo no le tengo miedo a ninguno.
Eso sí, quiero mucho a Jaciel, siempre nos vemos, el desde su barandal y yo desde la ventana, y yo sé que sin hablar conversamos, me dice si está bien o está mal, veo su alegría cuando me ve. Sé que él quisiera salir de ahí y poder acercarse más, y yo también, yo también quisiera que saliera y pudiéramos platicar, o por lo menos yo hablarle, platicarle cómo es ir a la escuela, al parque, y por qué no, al despedirnos darle un abrazo, para que sepa soy su verdadera amiga. Pero me conformo con esas platicas que tenemos con solo vernos, desde su casa hasta la mía, con nuestros saludos con las manos, y además cada que puedo le hago una carta con dibujos y se la lanzo con la resortera, porque estoy segura que aunque nunca aprendió a leer, mis dibujos sí los entiende. Si entiende mis miradas, mis sonrisas, mis ademanes, por supuesto que también los corazones, los soles, lo monitos tomados de la mano en un parque, de mis dibujos.
El día de ayer vi en la casa de Jaciel a una mujer gorda de vestido morado, gritaba y gritaba y sacaban cosas de los cuartos, aparecieron unos albañiles que traían unos fierros. El día de hoy Jaciel recargado en el barandal me mira con tristeza, le pregunto qué pasa, pero baja su mirada, la mujer gorda ha llegado otra vez, se escuchan sus gritos, ahí va por las escaleras, detrás de ella van los albañiles, y atrás el Jacinto, la mujer gorda les dice “vámonos, órale” el jacinto le asegunda “¡órale, bájense pa´ abajo!” Jaciel me mira otra vez, y me dice algo, me habla de algo, está muy triste, como nunca antes, yo no sé qué hacer...
El Jelipe a la par con las ordenes de la señora y el Jacinto, va por las escaleras “uh, uh, uh, uh,” aplaudiendo, pero más alocado que nunca, el Jacinto toma a Jaciel y lo conduce al pasillo, yo no dejo de mirarlo, bajan las escaleras. Los pierdo de vista, me pregunto qué pasa, por qué tanto alboroto, ahí va el Joel, no fue a trabajar, va ahí, lleva su gabardina sobre su hombro.
Los albañiles están tirando paredes... acá cerca a la calle se escucha el Jelipe que viene aplaudiendo, me asomó hacia abajo y abren la puerta de su casa, sale la mujer del vestido morado, el Jacinto empuja a Jelipe, y el Jelipe muy loco aplaude con más fuerza mientras grita “¡chiquitibum a la bim bom ba! ¡chiquitibum a la bim bom ba!”… grita sin detenerse todo enloquecido. Sale el Jacinto que lleva a Jaciel, y Jaciel luego luego mira para arriba, para la ventana, me mira, ya sabía yo que no estaba tan menso, veo por fin lo que me dice... por último sale el Joel, y mira hacia la puerta de nuestra casa, pero no hay nadie, ve a Jaciel que aún va mirándome, me ve a mí y me sonríe levantando su mano para despedirse.

Comentarios
Publicar un comentario