🛐 El último deseo de Franz Kromer ⚰️
—Pobre,
con apenas veinticinco años.
Franz
Kromer se encontraba en cama, preso de una cirrosis hepática, solo la mayor
parte del tiempo, triste, arrepentido hasta de la madre que lo había parido,
envidiando las vidas ajenas, sobre todo aquella, de Emil Sinclair.
Franz
kromer estaba condenado desde antes de nacer, su madre y su padre se dedicaban
a no trabajar, a estafar a las personas y pasarse el tiempo en las tabernas. No
era para menos el destino de Franz Kromer.
Desde
pequeño, Franz Kromer anunciaba su estilo de vida, tenía una mirada fría y
caminaba con una postura envalentonada.
Ahora
estaba ahí, llorando su desgracia.
«¿Dónde
se encontrará Sinclair ahora? no lo sé, pero en un gran lugar. Seguramente ya
se graduó de la universidad, sí, de abogado supongo, y su padre le debió hacer
la gran fiesta»
¡Bluagh!
Aventó otro cuajarón de sangre.
«Podría
morir en paz, y aceptar mi vida, aceptar que hice mal, que cometí error tras
error, y que ya no hay marcha atrás, aceptar que en un par de días o de horas
moriré, y rendirme de esta inconformidad.
«Pero
no dejo de odiar la vida, de odiar cada momento de mi triste vida, odio el
momento en que fui concebido, odio a mis padres. Ellos son los culpables, ellos
por haberme procreado, ¿Por qué Dios permitió que llegara a esta vida siendo
hijo de tan detestables seres? ¿Por qué no unos padres ricos como los de Emil
Sinclair?»
¡Bluagh!
Otro cuajarón interrumpía a Franz Kromer. Se limpió con su mano la sangre que
le quedó escurriendo, y limpió su mano en la pared descarapelada.
Una
noche en su adolescencia, lloró tanto, lloró porque vio en la taberna a su
madre con un hombre, lloró porque vio a Emil Sinclair acompañado de sus padres,
y que llevaba un hermoso reloj, lloró porque el tal Demian era mejor que él y
tenía una madre hermosa y ejemplar.
—¡¿Por
qué, por qué esta vida?! —lloraba Franz
Kromer como aquella noche— ¿para qué vivir así? si pudiera sobrevivir, juro que me
dedicaría a pintar, sería un gran pintor como soñaba cuando era demasiado niño.
—¡Franz!,
He venido a dejarte algo de comer. Y un poco de vino tinto.
«Maldita
prostituta, tú eres la culpable de todo esto, ¿ahora cómo podría morir en paz?...
Quizá un sacerdote pueda ayudarme, no quiero morir así»
—Madre,
podrías pedirle a un sacerdote que venga a verme.
—¿Un
sacerdote? ¿Para qué, Franz?
—¡Voy
a morir! ¡No quiero morir sintiéndome miserable, no quiero morir ¡Bluagh!
¡Bluagh! No quiero ser un desgraciado hasta mis últimos días.
—¿Qué
sacerdote querrá venir a esta casa, Franz?
Imagen de carolynabooth en Pixabay

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